como el viento que no pide permiso al cielo,
como la luz que entra
solo donde una ventana se abre.
Amar es elegir sin miedo,
quedarse sin perder el rumbo,
ofrecer el corazón
sin cerrar las puertas del alma.
Ser amado es un acto voluntario,
un sí que no se exige ni se fuerza,
un encuentro de voluntades
que se reconocen en calma.
Y cuando dos libertades se eligen,
el amor deja de ser promesa:
se vuelve verdad compartida,
un vuelo que no ata,
pero acompaña.
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