Algunas veces el amor
nos lleva a soñar. Pasan pasajes inolvidables en nuestra vida, pero
al mismo tiempo que pasa en nosotros en muchas otras parejas también
pasa. Ocurre que puede ser relativo o quizás no, ocurre que pueda
ser magia o quizás no, ocurre que pueda ser el momento más feliz de
la vida o quizás no. Todo depende del momento, de la persona y de la
intensidad de nuestro sentimiento. Quizás ahora, comprenda un poco
más. Pues viendo tantas parejas no puedo opinar que sea nada más
por la época.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Una estrella para ti
He visto dos estrellas
en el cielo, una para ti y una para mi. Las dos estrellas las
puedo ver desde mi ventana, pero tú solo puede ver una. Esa te la
regalo a ti, la envió con el pensamiento y brindo contigo con la copa
de vino que tengo en mis manos. No estamos lejos, la distancia es
corta puedo llegar hasta ti caminando y no pasaría tanto el tiempo.
Quisiera que sintieras como te uso ahora como mi “muza” y esta
vez eres hombre.
Te he idealizo porque es un amor lejano, no prohibido.
Un amor imposible, pues se debe a los comentarios que habrían de
parte tuya, pues de la mía creo que hasta las abejas nos intentarían
casar.
Simplemente te cuento que ahora pienso en ti, en un posible
amor que es lejano por el momento pero que no espero que con el tiempo
pase algo. Hoy inspiras mis escritos e incitas en mi el
deseo de estar junto a ti.
Te robo el beso
Un si y un no, cuál
tomo... ninguno. Solamente te robo el beso y en el intento, si lo
crees, te he robado el alma.
Luna de diciembre
Mi querida luna, mi
amiga luna. Mi presente y constante, siempre estás ahí. Viéndome,
velando, así lo pienso. Eres ese brillo que me encanta y que eriza
mi piel. Eres la cereza de la noche en un momento de enamorados.
Gracias por guardar tantas historias y recordarlas cada vez que te
veo, gracias por iluminar mi ser y llenarlo de gozo, gracias por
menguar mis ojos y ceder dos o tres lágrimas de felicidad. Gracias
por compartir el tiempo conmigo y brindar por la vida, muchas gracias
por el tiempo y los momentos, los recuerdos y los contextos. Por ser
mi inspiración y sobre todo por iluminar mi noche contemplativa.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
¡Cioa querido!
Sería una equivocación
que pensaras que lo que escribo ahora es por ti, porque no es así.
Cuando te conocí no inspiraste ninguna palabra nueva, todas las
había utilizado antes. Mariposas, flamingos, lunas, estrellas y
sol... No es nada nuevo. Lo que fue nuevo fue nada más el quererte
besar, el volver a sentir lo que hace poco había sentido, lo que
hace poco había conmovido a mi ser. Lo único que te puedo decir
ahora, es que me agrado conocerte, me agrado saber de tu vida.
Me
despido de ti: ¡Cioa querido!
Volé y soñé...
Una tarde de verano,
mientras dormía soñé que volaba entre el campo, de la casa de mis
abuelos, en Granada. El prado, verde con plantas salvajes, con
árboles al fondo y con el límite de las montañas. El infinito era
el cielo. Era el viento quien me invitaba a seguir soñando, a volar entre
las plantas y a nunca querer caminar. Flotaba, claro que lo hacía...
Todo lo miraba desde las alturas, donde sólo algunas personas llegan
a estar de vez en cuando durante la vida. Disfrute el momento,
disfrute el volar, disfrute el flotar y así fue como me desperté.
Me levanté y seguí caminando, para llegar a casa y volver a dormir.
Tu mirada
No quiero que sea tarde
para que sepas lo que siento por ti y no quiero que sea una historia
más en tu vida para contar. Quiero que en este momento me recuerdes
tal y como me ves, que recuerdes la persona quien soy ahora, la
persona que te ve directamente a los ojos e intenta descifrar tu
mirada.
No la escondas, quiero saber que hay más allá de tu iris,
de tu cornea, de todo lo que puedo ver a simple vista. No hables, tus
labios se mueven y estimulan otros músculos que deforman tus ojos.
No quiero eso tampoco, porque quiero pintar tus ojos, dibujar cada
línea, cada pestaña e intentar saber la distancia de un punto a
otro.
Sólo mírame, desnuda tu mirada ante mi, ante la persona que te
quiere conocer sin pronunciar palabra alguna, la persona que te besa
con la mirada y que evoca en ti una leve sonrisa en tu mente.
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